Testimonio: Ignacio Romero (20 años, Centro Córdoba) – Kinesiología y Fisioterapia

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Mi nombre es Ignacio Romero, tengo 20 años y vivo en el Centro de Córdoba.

Después de un primer intento fallido para ingresar a Kinesiología en la UNC, me costó bastante volver a reunir el ánimo para intentarlo otra vez. Siempre me fascinó la recuperación física, sobre todo en el ámbito deportivo, y esa pasión fue lo que me impulsó a no bajar los brazos. Pero no voy a mentir: la primera vez que rendí el ingreso, me sentí totalmente desbordado. Me encontré con ejercicios de Física y Química que no lograba resolver, y la presión de tener que rendir todo en un solo examen me paralizó. Salí frustrado y con muchas dudas sobre si realmente era capaz.

Pasó un tiempo, y después de reflexionar bastante, decidí darme una segunda oportunidad. Esta vez quería hacer las cosas de manera distinta. Ya no bastaba con estudiar solo: necesitaba una guía clara, alguien que me ayudara a organizarme y me enseñara a estudiar con estrategia. Así fue como llegué a Apoyo Total Universitario. Elegí el curso sabatino porque se acomodaba bien a mis horarios, y desde el primer día sentí que estaba en buenas manos.

Lo primero que noté fue el enfoque personalizado. Los profes se tomaron el tiempo de conocer mi situación, de revisar en qué había fallado la vez anterior y de armar un plan de repaso enfocado en mis puntos débiles. En Biología, por ejemplo, siempre me costó el metabolismo celular, pero gracias a las explicaciones claras y al material visual que nos brindaban, pude entenderlo mucho mejor.

Una parte fundamental del curso fueron los simulacros continuos. Hacíamos prácticas muy parecidas al examen real, con tiempo cronometrado y preguntas del mismo estilo. Eso me sirvió muchísimo para acostumbrarme a rendir bajo presión y para mejorar mi capacidad de análisis. Después de cada simulacro, recibíamos devoluciones detalladas y podíamos ver exactamente qué temas necesitábamos reforzar.

También quiero destacar a la profe Caro, que nos enseñó a organizar el estudio y a encarar los textos y las consignas de manera eficiente. Gracias a ella, aprendí a estudiar de forma más inteligente y a no desperdiciar tiempo en detalles que no eran prioritarios.

Además del contenido, el grupo humano que se armó en el curso fue muy valioso. Conocí compañeros con objetivos similares, y entre todos nos apoyábamos. Había una energía de compañerismo que te motivaba a seguir incluso en los días más duros.

Cuando llegó el examen, sentí nervios, pero también una tranquilidad que no había tenido antes. Muchas preguntas me resultaban familiares, y pude aplicar todo lo aprendido. Organicé mis tiempos, resolví primero lo que sabía y dejé lo más difícil para el final. Esa estrategia fue clave.

Cuando vi mi nombre entre los ingresantes, la emoción fue enorme. Esta vez lo había logrado. Sin el acompañamiento de Apoyo Total, no sé si hubiera podido. Me ayudaron a recuperar la confianza, a fortalecer mis conocimientos y a encarar el ingreso con otra mentalidad. Si estás en una situación parecida, o si estás dudando en volver a intentar, te digo con total sinceridad: con Apoyo Total Universitario, el camino se hace mucho más claro y posible.